sábado, 12 de junio de 2010

BICI - CORIA DEL RÍO - SANLÚCAR DE BARRAMEDA - 12.06.2010




Pues sí, lo conseguimos. Nuestro sueño de bajar a Sanlúcar de Barrameda en bici se cumplió ayer. Cuatro hemos sido los escogidos para realizar esta hazaña, cuatro falsos llanos, con una cierta edad ya, pero con el espíritu que nos contagian los chiquillos en nuestro diario y sagrado deber y cuatro los que la llevamos a feliz término.
El avituallamiento era fácil, llevar dos litros de agua, dos bocadillos y dos cámaras de repuesto. Pues bien ¿sabéis quién llevaba tan solo un bote de agua? (err Mig….). ¿Y sabéis quién llevaba tan solo un bocadillo? (err Migu…). ¿Y sabéis quién llevaba tan solo una cámara? (err Migue…) ¿Y sabéis quién pinchó dos veces? (err Miguel…). Bueno, ya veo que sois unos aguilillas y lo acertáis todo. Así que me dejo de adivinanzas y me pongo a contaros que a las 05:45, este narrador salía de su casa en coche, con su bicicleta dentro, a recoger al más veterano del grupo, nuestro formidable Paco, que puntualmente estaba donde habíamos quedado. Dirección Coria del Río, descargar las bicis donde la barca lo cruza y a esperar a los dos que faltaban, que claro ¡no iban a estar a su hora, no! Perdimos una barca mientras esperábamos y ¿sabéis quien venía conduciendo (err……), bueno veo que también lo habéis adivinado, el cual venía acompañado de la estrella del día, con su segunda y flamantísima bici BH Expert 7.5, sí la segunda en cuestión de un par de meses, pues no era otro que nuestro queridísimo superciclista del norte Patxi (no sé por qué se caerá tanto de las bicis teniendo el caché que tiene). La cuestión es que a las 06:45 estábamos cruzando el río en la barcaza, con el agradable viento en las caras y con un horizonte de nubes negras que nos tenían un poquitín acongojados, por no decir una vulgaridad. Los primeros kilómetros una gozada de fresquitos, con el sol intentando salir entre las nubes, los humedales a rebosar de agua y aves, y casi cien kilómetros de pedaladas que nos quedaban delante, ¡vamos, el sueño de un ciclista! El paisaje se iba sucediendo, la temperatura más que idónea y las nubes que se iban alejando cada vez más, cuando nos tropezamos casi de improviso con la primera tasca del camino, a los 40 km del inicio. Como autómatas, el pedaleo estaba haciendo ya sus efectos, nos bajamos y nos tomamos una gigantesca Cruzcampo con el bocata de rigor. Nos supo a gloria bendita y con nuevas fuerzas afrontamos las interminables rectas que nos esperaban a continuación. En el km 54 volvimos a encontrar otra tasca, pero Paco y yo que íbamos los primeros, hicimos caso omiso de ella y pasamos de largo, no era cuestión de darle pie a los dos que venían detrás a pararse de nuevo. A estas alturas el cuarteto comenzaba a estirarse como un chicle, nuestro Patxi con su estupenda BH comenzó a bajarse de la misma y a seguir andando para darle un respiro a su traserito, según él mismo decía. Grupos y grupos de ciclistas nos pasaban en un sentido y en otro, y nosotros poniendo cara de disimulados, como si estuviéramos haciendo tiempo de manera intencionada. Al Patxi hubo que entretenerle hablándole, engañándole con los km que quedaban, empujándole como hacen los ciclistas, rogándole y amenazándole con que lo dejaríamos en la orilla del río hasta que pasara el barco de Sevilla y se apiadase de él. Bueno, no os toméis al pie de la letra estos últimos comentarios, como habréis notado a estas alturas, suelo utilizar, por tenerla muy interiorizada, la ironía finísima de los sevillanos, ¡ qué haría yo en la montaña sin la compañía de Patxi!.
Bien decir también que esta ruta es fantástica, entre otras cosas, porque va paralela al Guadalquivir, hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda, con lo que las vistas son preciosas y si se tiene la suerte de ver pasar un barco dirección al puerto de Sevilla, pues no se te olvida por los siglos de los siglos. Nosotros no lo vimos? En estas llegamos a la tercera tasca que hay en el km 68, un poco antes de entrar en el pinar de la Algaida, muy cerca ya de Sanlúcar. Coca-Cola fresquita y “pal” pinar. A la entrada del mismo hay una fuente para beber y un carril bici que lo cruza de norte a sur, por lo que más animados por la inminente llegada y la fragancia de los pinos y matorral noble que hay sembrado a sus pies, llegamos a la barriada de la Algaida, junto a las salinas de Bonanza, que aún obtienen hoy en día una estupenda y blanca sal marina. Bueno ya estábamos en Sanlúcar, cuando nuestro entrañable Migué dejó de verse. Al poco venía andando y empujando la bici y ¿a que no sabéis que le pasaba? Pues sí, su segundo pinchazo del día y claro, ya no le quedaban cámaras, menos mal que Patxi tiene un corazón de oro y le prestó una de las suyas, que si no, todavía está en Bonanza empujando la bicicleta.
¡Lo habíamos conseguido!, cogimos dirección Bajo de Guía y en el Bigote nos tomamos dos cervezas por barba y un atún encebollado, que si en su lugar nos ponen gloria, no nos sabe mejor. Continuamos hasta la plaza del Cabildo, haciéndonos fotos por doquier y subiéndonos encima de las numerosas barricas que adornan la ciudad, ¿imagináis quién?, bueno veo que sois unos linces o es que ya nos tenéis más calados que a un melón en verano. Y claro, solo nos quedaba sentarnos en la Barbiana y pegarnos un homenaje a base de tortillitas de camarones, patatas aliñá, chocos fritos y unos estupendos pedrojimenez (langostinos tigre de tamaño gigante), que cogimos por los bigotes por miedo a que nos mordieran, todo ello regado con una maravillosa manzanilla sanluqueña muy fría.
Por último facturar las bicis, coger el bus hasta Sevilla y despedirnos de este inolvidable día con la intención de volver a repetirlo en cuanto tengamos ocasión.
Para acabar recordaros aquello del trocito de felicidad sudada y trabajada, que hace que una simple cerveza sepa como la mejor exquisitez del mundo y que si la calor aprieta de aquí en adelante, podréis encontrar a estos falsos llanos, navegando en cualquiera de los numerosos embalses, rebosantes de agua, que tiene repartido nuestra preciosa geografía andaluza.



Salud y saludos: Falsos Llanos.

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